viernes, 7 de agosto de 2020

Los Covarones del Tuernes (Llanera).

El karts de Los Covarones del Río Tuernes.

Circular por Brañes desde el Área Recreativa de Agüera.


(Los Covarones)

Muy cerca de los principales núcleos urbanos de Asturias, a los pies de las estribaciones septentrionales de la Sierra del Naranco, se encuentra un increíble enclave. Un lugar muy curioso que resulta ser buen ejemplo de paisaje kárstico, cuando el Río Tuernes, que nace en la Sierra del Águila, sesga el plácido relieve de las planicies de las localidades de Tuernes y Agüera, en términos de Llanera. Dibuja el río caprichosas formas subterráneas en su curso bajo, previo a la confluencia con el Nora, cuando el agua en su discurrir, talla la roca caliza a la cual erosiona, en una lenta acción que se viene produciendo durante miles y miles de años.

Se sumerge el río por tres veces a lo largo de medio kilómetro, alternando los tramos subterráneos con otros a cielo abierto entre un refrescante bosque de ribera, pudiéndose admirar la acción geológica que da lugar a este karts en caliza de montaña de formación carbonífera.

Paisaje kárstico con sus características estructuras, consecuencia de la disolución rocosa, como son: cuevas, arcos, ventanales en las bóvedas, estalactitas y demás formas singulares.

En definitiva, se trata de un lugar bien curioso que bien merece la pena visitar, y que nosotros teníamos en pendientes hace tiempo, así que, aprovechando que recientemente ha sido puesto en valor por el Ayuntamiento de Llanera, balizándolo y habilitando un área recreativa en las inmediaciones de Agüera, nos acercamos a este increíble paraje que, sin duda, sorprende al caminante.

Itinerario que implica poco esfuerzo, dado lo corto del recorrido, y de fácil acceso, ahora bien, la visita está condicionada por el caudal de agua que el arroyo pueda llevar, por lo que adentrarse en lo profundo de las cuevas (cosa evitable por otra parte), conlleva poner cuidado e ir provistos de luz.

Una vez visitado el sistema kárstico de Los Covarones, vamos a improvisar una pequeña circular por la zona, en un agradable paseo que nos va a llevar por la localidad de Brañes, ya en términos de Oviedo, descubriendo algún que otro interesante y bonito rincón a orillas del Nora.

Cartografía IGN 1:25000 Hojas 28-2 y 28-4

Cota mínima: 128 m.
Cota máxima: 162 m.
Desnivel acumulado: 100 m.
Distancia: 8 km.
Tiempo: 3h (Con muchas paradas).


Por la AS-240, en nuestro caso desde Posada de Llanera en sentido a San Cucao, y una vez pasada la iglesia, que dejamos a la derecha, continuamos unos 500 m para encontrar una desviación a la izquierda, donde tomamos la LL-6 que va a Brañes, y que nos acabará conduciendo en aproximadamente 1 km hasta el Área Recreativa de Agüera, donde podemos aparcar el coche cómodamente.
Área recreativa con mesas y zona infantil, que se integra en un guapo entorno donde abundan robles y castaños.

También con el pertinente panel explicativo, que nos ofrece amplia información al respecto del lugar que vamos a visitar.

Así que comenzamos a caminar dirigiendo nuestros pasos hacia la carretera que nos ha traído hasta aquí y que tenemos que cruzar, siguiendo la abundante señalización que no ofrece duda.

Ya en el otro margen de la carretera, enlazamos con un sendero que, hacia el Oeste, cruza por un frondoso y guapo rincón, a la sombra de portentosos castaños, robles y fresnos. 

Especies que vamos a ver identificadas por paneles informativos, como previamente habíamos visto ya en el área recreativa.

Discurre entonces la senda por entre fincas y un grupo de casas de Agüera.

Y, a lontananza, las estribaciones septentrionales que decaen de la Sierra del Naranco.

Siempre al Oeste, busca nuestro camino la cuenca del Tuernes jalonado de portentosos castaños.

Perdemos así ligeramente altura, pasando junto a un nuevo panel informativo, gemelo del anterior.

A continuación, una encrucijada, cuando ya nos encontramos sobre la cuenca del Tuernes, que sentimos pero no vemos, al discurrir encañonado bajo nosotros.
A ambos lados del camino surgen dos ramales balizados que decaen en busca del río, uno hacia el Norte y otro al Sur; nos decantamos entonces por descender primero siguiendo el del Norte, el de la derecha. Más tarde volveremos aquí para bajar por el otro y, una vez visitados Los Covarones, debemos remontar nuevamente a este punto para finalizar la visita y volver sobre nuestros pasos al área recreativa, aunque nosotros vamos a seguir de frente por la pista, con la intención de alargar el paseo planteándonos una pequeña circular.

Descendiendo por amplio sendero, pasamos al momento junto al Refugio de La Nora, abrigo natural que, al parecer, pudo haber tenido ocupación paleolítica, siendo actualmente objeto de estudio.

Y, en nada y muy cómodamente, hemos ganado la cuenca del río Tuernes, al cual accedemos por su margen derecho.

Donde nada más llegar nos recibe el gran arco apuntado horadado por el río.

También los restos señalizados del Molino de Casa Pina de Tuernes, arrasado por una riada el 21 de setiembre de 1921.
Podemos ver vestigios de muros e incluso, por las inmediaciones, una muela solera, así como la casi imperceptible hilada de un azud.

Avanzamos entonces unos pocos metros aguas arriba sin gran complicación, ya que ahora en verano el río lleva poco caudal.

Hasta dar con la cueva de la que surge el arroyo.
Paso infranqueable debido al nivel del agua, a no ser que nos quisiéramos mojar contundentemente y que incluso requiera técnicas de espeleología, que va a ser que no.

Así que nos damos la vuelta, para pasar bajo el gran arco ojival y continuar avanzando aguas abajo.

Una estructura natural preciosa, fruto de la disolución caliza por el agua, que se asemeja ligeramente a las grandes arcadas góticas.

Tener en cuenta el caudal del río, como ya hemos dicho, que seguramente y según la época del año, no siempre será posible recorrer su cauce. Pero el lugar es una maravilla, un auténtico vergel.

Total que, hemos avanzado unos pocos metros cuando nos damos de bruces con la entrada de otra gran oquedad donde el río sume. Y para adentro que nos vamos.

El caudal, ahora en agosto, nos permite el paso más o menos franco, aunque no lo recomendaríamos a la persona no habituada.

Pues el lugar obliga a tener precaución y prestar mucha atención a los resbalones, acrecentado ello por la oscuridad que nos rodea.

Oscuridad que nos va engullendo en este increíble sitio, debiendo tantear los apoyos con cuidado asegurando bien el paso. Si bien en la bóveda se abren luceros naturales, cuyos rayos de luz nos sorprenden con guapos matices, la iluminación que nos ofrecen no es suficiente y conviene adentrarse en la cueva provistos, por ejemplo, de frontales, como hacemos nosotros.

Así que, con la obligada precaución y tiento, vamos recorriendo esta galería que tiene un buen tamaño. Incluso nos topamos sorprendidos con lo que queda de una moto, obviamente arrastrada hasta aquí por una crecida.
Comentar que justo por encima nuestro discurre la pista de la que venimos.

Alcanzamos de esta manera una sala más amplia, donde la bóveda ha cedido, a partir de la cual no podemos seguir. Aunque ya se intuye la salida de la galería, la profundidad aumenta, por lo que el nivel del agua nos impide continuar, salvo que no nos importara mojarnos a base de bien hasta la cintura.

Así que volvemos sobre nuestros pasos, siempre con cuidado, para abandonar esta maravilla, fijándonos en las singulares tonalidades, estalactitas y demás formas curiosas que la disolución kárstica ha tallado a lo largo de miles y miles de años, dando forma a este inverosímil lugar.

Nuevamente bajo el arco ojival...

...remontamos el sendero que nos ha traído hasta aquí para ganar el camino principal, el cual cruzamos inmediatamente para descender por el otro ramal que antes habíamos comentado. 

Sendero que nos conduce a otro guapo rincón; justo donde el río vuelve a aflorar después de cruzar por la galería que acabamos de visitar. Debemos entonces vadear el arroyo a su margen izquierdo y seguirlo, entre la frondosidad del bosque de ribera, aguas abajo hacia el Sur, en su desarrollo final hasta su confluencia con el Nora.

Acompañándonos en nuestro trayecto, aflora una antigua canalización destinada a alimentar un molino, al cual inevitablemente llegamos por su parte superior, debiendo descender con cuidado a la base de su frente.

Se trata de los restos del Molino de Casa Pachontón de Agüera, también destruido al igual que el de Casa Pina, en la misma riada de 1921.

Y ya tenemos delante lo que parece otra sima por la que el río se escabulle.

Sin duda estamos ante otra maravilla natural.

A la que nos aproximamos con cuidado.

 Galería que, en esta época del año, el caudal permite recorrer sin complicación.

Con la bóveda a gran altura, se trata de un lugar digno de contemplación.
Un precioso monumento natural este de Los Covarones.

Por el lecho del río, aún podemos ver los restos esparcidos de las muelas del molino, que el agua ha arrastrado. También nos observan escurridizos cangrejos de río, pertenecientes a una especie invasora.

Recorrida la oquedad, salimos por su otro extremo cuando escuchamos el murmullo del Nora.

Río que alcanzamos justo en el punto donde el Tuernes le tributa sus aguas.

Tratándose de otro bonito y refrescante rincón.
Llegados a este punto, finalizamos la visita al sistema kárstico de Los Covarones del Tuernes, sólo nos resta desandar nuestros pasos para ganar, una vez más, el camino principal por el que hemos venido desde el área recreativa.

Pero una vez en él y, como es temprano, vamos a alargar la ruta improvisando una pequeña circular.
Así que continuamos hacia el Oeste por el camino que, en ligero ascenso, nos aparta de la cuenca del Nora, y nos lleva a cruzar por entre las casas más bajas de Tuernes El Grande para, soslayando el pico Castiello, ir descendiendo otra vez hacia el Nora, orientándonos así hacia Brañes.

Enlazamos entonces con la carreteruca que comunica Branes con Tuernes el Grande, cuando ya hemos abandonado Llanera al entrar en términos de Oviedo, y que nos lleva a cruzar el Nora por el  puente de Brañes, cuya construcción se remonta a época tardoantigua.

Alcanzamos entonces la parte baja de Brañes, aunque de momento la evitamos abandonado la carretera por un frondoso camino que sale por la derecha de la misma con tendencia occidental, discurriendo sobre el margen derecho del Nora.
Se trata del camino de Las Huelgas, que une Brañes con Gallegos.

Camino que nos lleva a pasar al momento bajo la casona-palacio de La Torre, a la que luego nos acercaremos.

Justo en la vertical del palacio, a un lado del camino y a orillas del río, se ubica una construcción que, a todas luces, se trata de un molino, quizás relacionado con la casona.

Molino al que accedemos, pero con cuidado, ya que sus ruinas no ofrecen ninguna seguridad.

Dentro aún podemos ver elementos de su mecanismo.

Bordeando el molino, descendemos por unas escaleras a un azud de entidad, cuya función, entendemos, sería embalsar las aguas del Nora para alimentarlo.

Y si nos fijamos, aún podemos ver lo que parecen las acanaladuras donde, en su momento, irían encajadas las desaparecidas compuertas.

Desde este lugar tenemos una buena vista del Puente de Brañes/ La Ponte Brañes, con su gran arco apuntado y por el que acabamos de cruzar; una de las mejores obras antiguas que salva el curso del Nora.
Su fundación se dataría entre los siglos IV y V, y forma parte de una de las variantes del Camino de Santiago que salen desde Oviedo hacia Grao.
Construidos sus muros en mampostería, destaca por otro lado lo bien trabajado de los sillares en las roscas de los arcos, así como en el tajamar y estribos.

Y el Río Nora.
Con una longitud de 67 km es uno de los afluentes más largos de Asturias, por donde discurre en su totalidad.
Nace en la Fuente de Valvidares, concejo de Sariego y recorre otros cinco municipios:
Siero y Noreña, primero, para luego servir de divisoria natural a los concejos de Oviedo con Llanera por un lado, y entre Oviedo y Las Regueras, después.

Remontamos nuevamente las pequeñas escaleras que nos han llevado al azud, para bordear el molino por su otro costado, fijándonos en algún que otro detalle de su fachada principal semioculta por la foresta. Molino cuyo abandono nos da debió ser acaecido en época relativamente moderna.

Así alcanzamos las mismísimas orillas del río cómodamente

Lugar a la sombra del bosque de ribera que invita a perder un buen rato, recorriendo este bonito paraje fluvial, que nos alivia de las temperaturas estivales propias del mes de agosto en el que nos encontramos.
En definitiva, un rincón bien guapo a orillas del río al que merece la pena acercarse.

Al llegar aquí a Brañes el Nora se encañona, atravesando después una zona de gran valor paisajístico donde forma el famoso Monumento Natural de los Meandros del Nora, a la altura de San Pedro de Nora y ya, al llegar a Priañes, se represa en el embalse homónimo desembocando a continuación en el Nalón.

Retomamos entonces el umbrío camino de Las Huelgas que, en rumbo suroeste, continua paralelo a la cuenca del Nora hacia Gallegos, aunque sólo lo recorremos unos centenares de metros, disfrutando del precioso entorno que atraviesa.

Así que nos damos la vuelta hacia Brañes, aupándonos al barrio de La Torre donde se encuentra la casona-palacio.
Palacio originado a partir de una torre cuadrada de origen medieval, a la que se han añadido otras edificaciones, posiblemente en el siglo XVII.
Edificaciones que no se ven en muy buen estado y parecen tener solo uso agrícola.
A través de la puerta y como elemento de interés, alcanzamos a ver sendos vanos abocinados.

Otra perspectiva de este lugar.

Desde donde alcanzamos a ver un poco de la torre que pudiera haber tenido uso residencial aunque, a día de hoy, sólo se aprecia ruina.

Total que ya, caleyando por Brañes y pasando junto al restaurante El Fondín, nos orientamos al Este  para ir regresando a Agüera.
Brañes es una parroquia que se ubica en un rellano al pie de la sierra de Llubrio, estribación noroccidental de la sierra del Naranco que desciende hacia el Nora.
Todo el pueblo forma un conjunto en el que se pueden apreciar elementos de arquitectura tradicional, destacando algunos hórreos y paneras con decoración tallada.

Por zona abierta, enseguida alcanzamos el edificio que antaño debió haber sido escuela, hoy en día destinado a centro social y, poco más adelante, la Iglesia de Sta. María que, fundada en el siglo X, ya no conserva ningún elemento de aquella época. Allí mismo se encuentra el cementerio, junto al que enlazamos con la carretera LL-6 que, sin pérdida, nos llevará a Agüera, pero enseguida la abandonamos en favor de un camino adyacente que sale por nuestra izquierda y por el que logramos evitarla durante medio km.

Aunque, inevitablemente, volvemos a salir a ella para caer a la cuenca del Nora, pasando junto a las instalaciones de la horrible cantera de La Escontriella, donde cruza la carretera el río por un puente entrando así a términos de Llanera.
Sólo nos quedan unos pocos metros para alcanzar el área recreativa de Agüera donde tenemos el coche.
Finalizamos así un paseo bien guapo con el que hemos ocupado una mañana.

¡¡Un saludo!!