viernes, 15 de febrero de 2019

Los Molinos del Profundu (Villaviciosa).

Ruta de los Molinos del Río Profundu (Villaviciosa).
Circuito por el PR AS-137, Breceña y Coru desde Valbucar.


(Río Profundu)

Hacía tiempo que teníamos en mente realizar esta ruta del PR AS-137, para conocer los molinos que se disgregan por la cuenca del Profundu pero, por uno u otro, siempre lo íbamos dejando para atrás; y mira que nos queda cerca. Grave error, pues resulta ser un itinerario que realmente nos sorprendió por su exuberante belleza y valor etnográfico.
El Río Profundu, al que también se le conoce como La Ría, La Vega, Remolina o Espadañal, nace en Fontelea, muy cerca de la confluencia de los concejos de Cabranes y Piloña con el de Villaviciosa, concejo éste último por el que discurre, encauzado en un angosto valle y siguiendo un curso de unos 11 km, para acabar tributando sus aguas al Viacaba, en las inmediaciones de Valbucar, barrio perteneciente a la parroquia de Amandi.
Es por la cuenca del Profundu que se esparcían hasta veintiún molinos de agua, situados en un paisaje de gran riqueza natural, conformado mayormente por un tupido bosque de ribera autóctono.
Molinos dedicados a la molienda del maíz y pertenecientes a las parroquias maliayas de Amandi, Llugás, Breceña, Fuentes y Coru; desgraciadamente todos ellos en estado ruinoso.
Ingenios hidráulicos de gran importancia para la economía de las comunidades hasta un pasado no tan lejano, pero que hoy, ya sin uso, son sólo ruina y, si no se pone remedio urgentemente, en breve acabarán siendo devorados por la exuberancia de la naturaleza que, inexorable, finiquitará los vestigios que quedan de tan rico patrimonio etnográfico.
Y es que al margen de ser importantes herramientas, indispensables para el desarrollo de la vida diaria, los molinos también eran enclaves sociales, donde los vecinos se reunían para comentar sus cosas a la espera de que la ruidosa maquinaria acabara su faena. Incluso en ellos se gestaban amoríos y se desarrollaban historias de tintes mitológicos.

Cartografía IGN 1:25000 Hoja 30-1

Cota mínima: 19 m.
Cota máxima: 347 m.
Desnivel máximo: 328 m.
Desnivel acumulado: 410 m.
Distancia: 16 km.
Tiempo: 6:30 h. (Con las paradas).
Inicio/Fin: Valbucar.

Descarga el track AQUÍ.


En Villaviciosa tomamos la AS-255 que, en nada, nos lleva a Amandi para llegar, poco más adelante, al barrio de Valbucar, donde comienza nuestra ruta.
Aparcamos el coche en un amplio hueco al margen de la carretera y al lado mismo del río Vicaba, precisamente en el lugar donde el Profundu desemboca (19 m).
Cruzamos entonces al otro margen de la carretera, donde se encuentra el panel informativo de nuestro camino señalizado como PR AS-137, que comparte un tramo con el PR AS-51 Ruta de Peña Cabrera así como con el GR-108 Gijón - Covadonga. Camino que arranca en ligero ascenso elevándose por encima de la puerta de entrada de la quinta La Vega.

Quinta, esta de La Vega, cuya entrada almenada con sendas torres no puede ser más espectacular.

Total que, cómodamente y en llano, vamos bordeando las murias de esta finca, por amplio camino y con tendencia occidental.

Eso sí, algún tramo un poco embarrado no nos lo quita nadie.
Vemos la señalización de nuestro itinerario que indica hacia Buslaz, donde finaliza, y enseguida pasamos por la parte trasera del caserío de La Vega.

Desciende el camino entonces al mismo cauce del Profundu para tomar ya contacto con el río.

Es en este momento cuando vemos la señalización del primer molino: el de Griselda.

Desaparecido el rústico puente por el que se accedía a él, nos es imposible vadear el río con el caudal que lleva.
De todas formas, se intuyen sus ruinas al otro margen del río y entre la arboleda.

Prosigue nuestra senda en llano por un maravilloso entorno dominado por el bosque de ribera.

Acometiendo un destacable tramo, que obliga a prestar un poco de atención a los resbalones y donde el Profundu anega el camino, que prácticamente se encuentra a su nivel.

Un sector muy chulo; realmente guapo y vistoso.

Pero en el que nos da que, a poco que baje crecido el río, igual se complica un poco la cosa para pasar.

Superado este tramo, la senda recupera comodidad, continuando a la vera del río entre esbelta arboleda.

Y ya salimos a la carreteruca que comunica con las núcleos de La Vega y Villaverde, enclaves pertenecientes a la parroquia de Fuentes, por donde vemos la señalización al respecto de nuestra ruta, pero también la del Camín de Covadonga.

Entre pumaradas, alcanzamos una solitaria quintana con su casa, establo y hórreo, donde observamos singulares detalles.

Seguiremos un par de cientos de metros por la pequeña carretera que cruza entre estas fincas de Villaverde.

Por la que, en poca distancia, soslayamos una guapa quinta convertida en alojamiento rural.

Y es en este punto, que el PR AS-51 Ruta a Peña Cabrera se separa de nuestro camino, cruzando el río por un puente y rumbo a Llugás; nosotros de frente, por la carretera.
Se da la circunstancia que, al otro margen del río, se encuentra el Molín de Villaverde pero, al no ver señalización, no nos damos cuenta y lo pasamos por alto.

Pero, pocos metros más adelante, abandonamos el asfalto del camino que continúa en demanda de Coru, por donde sube el GR-108 Camín de Covadonga; por ahí bajaremos en unas horas.
Tomamos entonces la pista que surge por nuestra derecha, como indica la señalización.
Pista que, hacia el Sur, nos lleva a bordear unos viveros, y ya convertida en senda, otra vez a nivel del río, cuyo margen derecho pocas veces abandonaremos.

Y el valle se encajona, tornándose muy exuberante y bucólico.

Donde el agua es la protagonista regalándonos rincones idílicos.

De esos en los que esperas que te salga al paso algún ser mitológico, de los que tanto abundan en la tradición asturiana.

Debemos superar algún que otro obstáculo, consecuencia de los últimos temporales, pero sin mayor dificultad.

Y así seguimos a contracorriente por un entorno de insuperable belleza.

Tornándose el barranco más abrupto y umbrío, donde los rayos solares luchan para abrirse paso.
Es por esta zona que, sobre el margen izquierdo del río, podemos ver totalmente camuflados por la vegetación, las ruinas de los lienzos del Molín del Profundu, perteneciente a la parroquia de Llugás y que intuimos a la derecha de la imagen. Ya nos pasaba desapercibido.

Toca entonces ganar algo de altura, donde el sendero cuenta con protección lateral, que mitigue cualquier involuntario resbalón.

Para enseguida volver a caer al fondo del cañón.

Otro sublime rincón, que resulta ser de una hermosura selvática sin parangón.

Se abre el valle un poco cuando nos pasa desapercibido totalmente el Molín de Trabanco, devorado por la maleza. Una pena, pues contaba con vivienda.
 Aparecen entonces ejemplares de castaño, por lo que no es raro que nos encontremos con los restos de una cuerria, de las que se usaban antiguamente para guardar las castañas recién recogidas.

Y otro bonito enclave con un salto de agua en lo que parece ser los restos de un azud, aunque tampoco lo podemos asegurar.

Son muchos los detalles fotogénicos que nos ralentizan.
A ver cuántas horas echamos hoy.

Y por fin un molino que no pasamos por alto y podemos visitar, accediendo a él por un puente de madera.

Se trata del Molín El Pitu, también perteneciente a la parroquia de Llugás.
Molino importante con dos muelas (una para maíz y otra para trigo) y vinculado a antiguas leyendas relacionadas con la fortificación del Picu Castiellu, que se eleva justo por encima.
Nos cuenta Miguel González Pereda en su artículo Mitos y Leyendas de la revista Cubera:

"En el monte del Toral, arriba en la Pica Castiellu, había un castillo y los moros
baxaben a dar de beber a los caballos per una cueva que tien el castillo, al ríu.
La cueva diba a dar al Molín del Pitu y, un pocu más arriba de la fuente del Toral, 
encima de la riega de La Reina, hay una cueva que se abre cada cien años
 la noche de San Juan y salen les xanes a soleyar les monedes de oru en un vanu..."

Es en este lugar que, precisamente, el arroyo de La Reina confluye con el Profundu, y por donde baja un sendero procedente de Llugas que salva ese arroyo por un pequeño puente, que veremos en las inmediaciones.

En el molino con la techumbre colapsada, pues poca cosa, aunque aún se aprecia algún elemento de interés, como la bóveda del infierno, el eje y el cubo de carga.

Nuevamente al camino principal, salvando el río por el puente de madera, que no ofrece mucha seguridad y ya pide mantenimiento.

Seguimos así aguas arriba entre frondosa vegetación que todo lo cubre.

Nuevamente debemos ganar algo de altura para, al momento, volver a bajar, en otro tramo que cuenta con protección lateral y alguna rama que incomoda el paso.
Y es que sin afrontar grandes desniveles, sí que tenemos que superar algún que otro pequeño "sube y baja".

Nos encontramos entonces con lo que queda del Molín de José Xicu, o del Relojeru, perteneciente a la parroquia de Coru y ubicado ligeramente por debajo nuestro.
Lo singular de este molino es que aprovechaba la fuerza del agua para moler pero, en sus últimos años, también generaba electricidad para la próxima aldea del Cayao.
Una pena que se encuentre en este estado, porque parece ser que conserva su maquinaria.
Sigue nuestro camino por el mismo curso de la canaleta que lo alimentaba, donde podemos observar la compuerta por donde se precipitaba el agua al embudo del cubo.

Un lugar sin duda muy interesante y que es una verdadera pena que se deje en el abandono.

Pues nada, siguiente molino, el de Perea.

Ruina total, para variar, en un enclave natural de excepción donde el verde musgo todo lo tapiza.
No cruzamos por el endeble puente de madera, pues no nos ofrece mucha confianza. Total tampoco vamos a ver más de lo que ya observamos desde nuestra posición.
Como curiosidad, parece ser que este molino tuvo un repentino y accidentado final, al ser inutilizado por un tronco que cayó ladera abajo y entró por el tejado.

Seguimos adelante a la vera del río, a la umbría del bosque de ribera y castaños.
Al margen de los molinos, y sólo por disfrutar del maravilloso entorno que nos rodea, bien merece la pena acercarse al lugar.

Se abre el valle cuando dejamos atrás una mata de robles y cruzamos por prados de ribera, que ya coloniza la maleza, donde el camino se aparta ligeramente del río pudiendo desvirtuarse un poco, y encontrándonos con una decoración navideña que no sabemos muy bien qué pinta por aquí.

Discurre entonces nuestro caminar llaneando entre espigada arboleda, autóctona y foránea.

Con tramos bien embarrados, cuando pasamos por la zona donde se ubicaba el desaparecido Molín de Pachón, vinculado a antiguas leyendas de xanes.

Y así soslaya la senda, por nuestra izquierda, el Molín de Perniles, del que poco vamos a ver, salvo el arco de la bóveda y restos de lienzos.

Se estrecha el camino que, inexorablemente nos empuja al mismo cauce del Profundu.
Otra zona que, según el caudal que lleve el río, podría dar alguna complicación.

Pero son unos pocos metros y, en nada, alcanzamos el Molín d'Arriba, también a la vera misma de nuestra traza.
Aún podemos ver algún elemento del mecanismo, destacando el rodezno que, impulsado por el agua, hacía girar la muela volandera en el piso superior.
Último molino perteneciente a la parroquia de Coru y que tenía gran capacidad de molienda.

Toca cambiar al margen izquierdo del río por un pequeño puente de hormigón e, inmediatamente, regresar al derecho por otro más ancho.

Obviamos entonces un ramal de pista que se dirige al barrio de La Piñera de Coru, mientras ganamos altura sobre pastos de ribera de la gran vega conocida como La Prunacea.

Y así, por camino de buena traza girando nuestro rumbo al Sur cuando cortamos por una riega, entramos en territorio de Breceña, para volver a caer al fondo del valle.

Topándonos inmediatamente con el Molín de Pascual, donde poco hay que ver.
Sin embargo, este molino, tiene una historia peculiar pues, al parecer, su maquinaria hacía un característico sonido al trabajar, comentando las gentes que el ingenio, con su ritmo, repetía el nombre de su dueño: "...soy de Pascual, soy de Pascual, soy de Pascual..."

Poco más adelante sobrepasamos el azud que embalsaba el agua hacia el molino.

Y debemos vadear un arroyo que desciende por nuestra izquierda y que confluye con el Profundu; en nuestro caso sin mayor problema.

Llegamos así a otro enclave destacable, donde observamos un puente que cruza el río.

Pequeño puente de mampostería con arco de medio punto, sobre el cual parece que discurre una traza que comunicaría las aldeas del entorno. Pero nuestro itinerario no pasa por ahí.

A la izquierda del camino principal, por el que continuamos, se encuentran los restos del Molín de Lalón, invisibles bajo una buena maraña de maleza por lo que, prácticamente, sólo vamos a ver el cartel señalizador.

Ligero ascenso para caer al guapo rincón del singular Molín de Ullina del que sólo se conservan, en precario estado, sus muros.
Molino famoso por los grandes problemas que presentaba el lugar ante las aglomeraciones de gente, al estar situado en un sitio tan angosto. Maniobrar con sacos de cereal, si coincidían varias personas, era complicado.

Y con un guapo paso entallado con escalones labrados, entre el lienzo del molino y la roca del monte, por el que tenemos que ascender hacia la compuerta de carga del agua.

Continuando la senda por la misma canalización, en otro tramo destacable.

Así llegamos al enclave señero de la ruta, donde se encuentra el Molín de La Peña (187 m).

Mágico lugar con su gran cascada, donde el agua con su rugir es la gran protagonista.

Se trata del molino más grande de todos, y que aún se encuentra en relativo buen estado, aunque el día que se venga abajo la cubierta a cuatro aguas, adiós muy buenas, si no se pone remedio.

En el interior, todavía conserva intacta su maquinaria.
 Con su tolva o monxeca, donde se echaba el grano para caer hacia las muelas. También el barandal, cajón de madera donde caía la harina, sobre el que vemos descansando la pinza metálica de la cabría, que servía para levantar las muelas, solera la fija, sobre la cual giraba la volandera.
Hasta 16 kg de harina en 1 hora, podía moler este molino. O lo que es lo mismo, un celemín.

La soledad del lugar donde estaban ubicados estos ingenios, la frondosidad, la luz, los sonidos del discurrir del agua y los del propio molino, los lamentos del viento entre las ramas de los árboles, etc.
Todo ello contribuye enormemente a creer e imaginar cuentos y supersticiones, miedos, apariciones de personajes mitológicos.
Es común a muchos de estos lugares que se cuenten historias relacionadas con estas apariciones, muchas veces en forma de burro o de cabra de color negro o de perro.

Bien merece la pena perder un buen rato aquí, aunque sólo sea por admirar el incomparable marco donde se ubica este molino.

Pues nada, abandonamos este maravilloso lugar en buen ascenso, dando el camino una revuelta por encima de la cascada del Profundu.

Para volver a caer a nivel del río, pasando seguidamente junto al Molín de Esprón, del que poco queda ya.

A continuación, nos fijamos en el azud que desviaba el agua hacia el molino y, superando una zona embarrada, vemos el cartel del Molín de Rea, prácticamente indistinguible en la maleza.

Sigue, en poca distancia, el Molín de Peruya, del que se adivina el arco del infierno entre una maraña natural que lo invade.
Molino éste que tuvo poca vida pues, al parecer, su trayectoria se finiquitó debido a una pelea con trágico final, siendo muerto en él un vecino.

En parecido estado se encuentra el de Rosicu, que al poco nos encontramos.

Y ya llegamos al último molino del itinerario, no así del valle, pues todavía se ubicaba alguno más, aguas arriba.
Así que cruzando el río por un pequeño puente, nos acercamos al también llamado Molín d'Arriba (214 m).

Se trata del otro molino en relativo buen estado de conservación del itinerario que, junto al de la Peña, forman el tándem destacable de la ruta.
Llama mucho la atención el arco apuntado del infierno.

Con su aún casi intacta maquinaria.
Y es que este molino fue el último en construirse y, por tanto, el último en dejar de usarse.

Con la cabría todavía sujetando la muela volandera, como si  el tiempo se hubiera detenido en plena faena.
Nos fijamos en viejas inscripciones grabadas en el barandal; parece que leemos la fecha de 1963 por lo que, tampoco hace tanto de su uso.

Y así nos despedimos de los molinos y, por lo tanto, de la cuenca del Profundu, cuando ganamos altura por camino de entidad y con algún resto empedrado, girando al Noreste por la cuenca del arroyo Bauga en demanda de Buslaz.

Se trata del tramo más esforzado del día al tener que superar una nada desdeñable pendiente, y cuando el sol comienza a calentar con fuerza, pero enseguida entramos en el pueblo (337 m), donde vemos un panel informativo del PR AS-137 que aquí finaliza, o empieza, según se mire .

Buslaz, aldea perteneciente a la parroquia de Breceña, situada en una loma que domina el valle del Profundu que acabamos de recorrer y con vistas a Peña Cabrera, donde lo primero que nos recibe es el antiguo hórreo de casa Prida.

Hórreo del S.XVI de estilo Villaviciosa declarado BIC, que presenta un linio tallado, con arco abocinado de cuatro vueltas, y diversos motivos a base de triángulos, rosetas y radiales, arquillos de triángulos entrelazados y un par de cruces.
Muy interesante, sin duda.

Bonito núcleo rural, este de Buslaz, con buenos ejemplos de arquitectura tradicional, y una plaza con un estratégico banquín que nos viene de perlas para comer.

Con muchos detalles entre sus casas restauradas con gusto.

Lo habitual sería regresar sobre nuestros pasos por la cuenca del Profundu de vuelta a Valbucar, pero vamos a optar a volver por Breceña, siguiendo los pasos del Camín a Covadonga en sentido inverso, aunque nos obligue a comernos buenos tramos de carretera.
Así que buscamos la parte más alta del pueblo por donde ganamos la máxima cota de hoy (347 m) y, al llegar a la plazoleta que vemos, debemos tirar por la carreteruca que sale por la izquierda, por donde viene dicho Camín de Covadonga

Aunque antes, nos acercamos a visitar la capilla de San Juan.

Y ya por la estrecha carretera, por donde viene el GR-108 Gijón - Covadonga, y en claro rumbo septentrional, vemos las casas de La Infiesta y Breceña, por donde vamos a pasar.

Entroncamos entonces con la AS-332 que va a Sietes, ya próximos a La Infiesta.

Núcleo este de La Infiesta en el que nos adentramos para evitar un tramo de carretera.

Y por donde pasamos junto al guapo y arreglado edificio de las antiguas escuelas con su reloj.

Entroncando otra vez con la carretera para entrar en Breceña a la altura de las casas de El Terreru.

Por donde pasamos junto a una remozada capilla de ánimas; hay que recordar que estamos en el camino de Covadonga.

Y ya, por la plaza del pueblo, donde se encuentra el bar "Casa Piloña" y la Iglesia de San Pedro, así como un mástil con la bandera de esta localidad.

Nuevamente a la carretera, transitando entre guapas caserías hacia el Oeste.

Para salir de Breceña a la altura del Cuetu donde, en cierta forma, metemos la pata, pues podríamos haber tirado por la pista que sale a la derecha y vemos al fondo, bajando por Cuetubaxu hacia Moratín en Coru, ahorrándonos un tramo de tediosa carreterona, por la que igualmente descendemos a Coru, pasando primero por las casas de La Piñera.

Seguidamente por las de Moratín y la Venta Coru, a donde sale la pista que mencionamos. Con la iglesia románica de San Cosme en el altozano.

Pero hay que estar atentos, porque en nada, vamos a ver el desvío a Cayao que debemos tomar.

Abandonamos entonces la AS-332, pero escasos metros llevamos caminados, cuando vamos a ver una pista terrera que desciende por nuestra derecha, a la altura de las casas que vemos al frente; es la nuestra.
Vamos en busca, nuevamente, del valle del Profundu.

Así que por camino de buena traza, vamos perdiendo altura sobre la cuenca del arroyo de Puente Coru.

Cruzamos por entre una solitaria quintana, pasando nuestro camino junto a un pequeño lavadero con vistas a portentosas quintas de Valdemaría.

El camino da paso entonces a la pista asfaltada del camino de Villaverde a Fuentes, que cruza el arroyo de Puente Coru.

Para llegar al lugar de Villaverde, donde el arroyo de Puente Coru confluye con el Profundu, justo donde nos desviamos hace unas horas hacia lo más angosto del valle.
Y otra vez, junto a la quinta Villaverde donde se encuentra el desvío hacia Llugás, seguimos el camino de la mañana hacia Valbucar.

Por donde se desarrollan pastoriles escenas en las fincas adyacentes.

Recorremos así, y una vez más, el tramo que el Profundu anega.

Tramo que nos gustó mucho, aunque en ciertos momentos seguramente sea impracticable, como habíamos comentado al principio de la ruta.

Y ya, bordeando una vez más la Quinta La Vega...

...llegamos a Valbucar, con la señorial entrada almenada a dicha quinta, que evoca épicos tiempos pasados.

Ponemos fin así a una ruta que superó nuestras expectativas iniciales, pero que pide un mantenimiento y consolidación, si no queremos que todo este bagaje etnográfico se pierda en dos días.
Sólo nos queda recomendar también la obra -de la que no hemos documentado- del gran investigador maliayo Rafael Balbín Loredo, quien estudió y puso en valor este rico patrimonio de la cuenca del Profundu, pero tristemente fallecido cuando aún era muy joven.

Os dejamos el perfil de elevación.

¡¡Un saludo!!


6 comentarios:

  1. Gracies por la reseña tan bien documentada q haceis de la ruta...me apetece mucho conocerla.
    Nuestra familia todavia conserva el molino...

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    1. Muches gracies a ti por apreciar nuestro trabajo!! La ruta es bien guapa, y con un valor tradicional tremendo, a nosotros nos sorprendió, la verdad.
      ¿Tiene vuestra familia un molino en la zona?

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  2. Maravillosa y estupenda ruta amigos. Cada vez me dejas más impresionado, por la gran aportacion documental, que siempre aportais en vuestras rutas. Sois unos fenomeno¡¡¡.
    Ya hace muchisimo que pase por ahi. Pero el Molin de la Peña, me sigue impresionando.
    Un saludo y fuerte abrazo para los dos. Ah ¡¡ Hace poco hice La Senda Invisible. Me gusto muchisimo

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    1. ¡¡Muchas gracias Sebastián!! La verdad que nos sorprendió mucho el recorrido, no lo esperábamos tan guapo. Ahora que, como no consoliden los molinos, se pierde en dos días. Eso sí, el entorno espectacular.
      Y la Senda del Valle Invisible, sí que es un paseo de lo más recomendable; muy interesante.
      ¡¡Un fuerte abrazo!!

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  3. Casi me he puesto "colorau" al ver este maravilloso reportaje. ¿Cómo es posible que no tuviese noticia de este recorrido? Me resulta imperdonable. Ojalá algún día tenga la oportunidad de conocer esa ruta o por lo menos parte de ella. Hay rincones preciosos, que a buen seguro, me pasaría mucho minutos contemplándolos. Muchísimas gracias por darme a conocer estos lugares tan hermosos. ¡Felicidades por el reportaje!

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    1. ¡¡Muchas gracias!!Pues sólo nos resta recomendártelo, Viti, que ya ves que, encima, nos pilla bien cerca.
      Como le decimos a Sebastián, más arriba, a nosotros nos sorprendió mucho, y seguro que tú le sacas buen partido a la cámara, porque hay unos rincones preciosos, además no tiene gran dificultad, sólo seguir el camín. Vete que no te defraudará.
      Un saludo!!

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