martes, 22 de mayo de 2018

Peña Gradura por la Senda'l Gabitu (Teverga).

- La Peña Gradura -
Circular por La Senda'l Gabitu y canales del Cherón de Cuandias y de La Mucheirina. 
Circuito desde Gradura (Teverga).


(Peña Sobia)

La Peña Gradura, puerta de entrada a los maravillosos puertos de Marabio y prolongación natural de la Sierra de Sobia hacia el Norte, de la cual la separa el tajo del Desfiladero de Valdecerezales, por donde discurre el Río Teverga.
Modesta altitud cuya aproximación por las vías más habituales no reviste mayor dificultad. Sin embargo sabíamos de la existencia de una antigua senda pastoril, cuyo trazado se dibuja por la escarpadísima vertiente meridional de la sierra, que se precipita a los abismos del desfiladero, y desde la cual es viable ganar la cumbrera de la peña por la canal del Cherón de Cuandias; se trata de la Senda'l Gabitu, de la que apenas teníamos información.
Largo tiempo en pendientes, hoy podía ser un buen día para investigar esa senda, pues la necesidad de estar muy pronto de vuelta, obligaba a buscar algo cercano y corto; sabíamos que esta opción, en principio, no nos ocuparía más de una mañana.
Al final, sale una variante corta, sí, pero bien montañera, donde se transita por escarpados lugares en su día pastoreados, lo que para nosotros añade un plus de valor; ruta ampliable, además, con las múltiples opciones que nos ofrece esta sierra.

Itinerario sin excesiva complejidad, aunque tampoco exento de cierta delicadeza, pues el antiguo sendero, en su inicio, requiere una corta y ligera trepada para, a continuación, realizar una pequeña travesía un tanto aérea, por lo que no lo recomendaríamos a la persona que no se encuentre cómoda en este tipo de pasos.
Si bien no es para nada difícil, sí para prestar atención; desaconsejable en según qué condiciones de humedad.

Cartografía IGN 1:25000 Hoja 52-3

Cota mínima: 670 m.
Cota máxima: 1160 m.
Desnivel máximo: 490 m.
Desnivel acumulado: 700 m.
Distancia: 7 km.
Tiempo: 4 h (Con las paradas).
Inicio/Fin: Gradura.

Primer sector: Gradura - Senda'l Gabitu - Cherón de Cuandias - La Rebollosa - Peña Gradura.


Por la AS-228, que une Trubia con el Puerto Ventana, y al llegar a Entrago, poco antes de La Plaza, tomamos la carretera local que sube hacia el Puerto de Marabio y nos deja en Gradura, en algo menos de 3 km.
A la entrada del pueblo hay una zona donde dejar el coche -habrá espacio como para tres vehículos- aunque nosotros nos adentramos en sus estrechas callejuelas y aparcamos en una pequeña plaza en medio de la aldea (670 m).
Desde aquí ya tenía que estar presidiendo nuestras vistas la mole de Peña Gradura, pero se ve que elegimos un día en el que la niebla le ha cogido gusto a estos valles teverganos y no nos lo va a poner fácil.

Total que, sin apurar mucho, a ver si esto levanta, vamos caleyando en busca de la parte alta del pueblo y fijándonos en algún que otro elemento tradicional.

Ya en la parte alta, alcanzamos una bifurcación, donde tomamos el ramal derecho que, tendidamente, nos saca del pueblo hacia el Este.

Enseguida pasamos junto a una nave donde se guardan cabras, a partir de la cual el camino se aprecia menos transitado, pero perfectamente viable.
Entre la niebla vislumbramos la peña y nos da que por ese hombro vamos a tener que pasar en breve.

Una primera parte ésta en la que no vamos a superar ningún desnivel hasta alcanzar la base de la peña, por lo que sería un trayecto cómodo, si no fuera porque está todo muy húmedo y nos vamos empapando, cosa que tampoco es deseable, porque a ver cómo encontramos la caliza, pues tenemos media idea de que puede haber un paso delicado.
La verdad que poca información tenemos sobre este antiguo camino del Gabitu, alguna referencia sobre su existencia y poco más.

Así llegamos a una portilla que cierra el camino y que, de traspasarla, podríamos bajar a las fincas de Fontanielles, pero nuestra opción pasa por tomar el ramal que sale por la izquierda que, aunque marcado, ya se ve en desuso y tomado, aunque una vez que te metes, no es para tanto y todavía se pasa bien, aunque aquí rematamos la mojadura.

Ya por zona abierta, continúa la traza evidente y sin mayor dificultad, aproximándonos a los murallones.

Toca entonces cruzar por un canchal bajo los farallones calizos y el sendero continúa guiándonos sin duda posible.

Por nuestra derecha tenemos, lo que en otras circunstancias, serían muy buenas vistas sobre el Valle de Teverga.
 Hoy vemos Entrago, La Plaza y poco más.

Y nos vamos a meter en faena cuando alcanzamos las paredes de la peña, donde tiene que estar el paso en cuestión.
Ojo, que por aquí vamos a ver otra traza que desciende a las playas inferiores y no es la nuestra.
Nos da que la senda tiene que ir por esa repisa superior que sale al hombro calizo, por el cual y por narices, tenemos que pasar.
Se aprecia terreno delicado y nosotros con las suelas empapadas...

Muy próximos de la repisa, ya tenemos claro que la senda tiene que ir por ahí, confirmándose nuestras suposiciones al ver los restos de una desvencijada portilla a base de somieres.

Aparecen entonces las primeras armaduras de lo que, un pelín más adelante, podríamos denominar como "sedo", aunque sea un término más propio de zonas orientales.

Armaduras que nos acaban enfrentando a una sencilla trepada, que no creemos vaya más allá de 6 o 7 m.
Aunque de apoyos algo pulidos, no tiene gran dificultad; lo único y en nuestro caso, prestar atención porque, aunque la roca no está muy húmeda, nuestras botas sí.

Así nos aupamos a la repisa (710 m) donde, una vez que te metes, no es tan fiero el lobo como parecía.
Si bien se trata de un tramo algo aéreo y con cierta exposición, la senda perfectamente armada y labrada, aunque estrecha, tiene anchura suficiente para convertir este tramo en una travesía cómoda y realmente bonita, que cruza por los murallones de lo que el IGN llama Cortinal de Fontaniellas.
Claro, con el obligado sentido común y precaución, pues la caída no perdona.

Realmente el "sedo" no es largo y finaliza al rebasar esta guapa entalladura, donde la aguja sirve de protección.

Y ya a la altura de la desvencijada portilla, se acabaron los tramos delicados.
Vemos entonces que el senderín continúa muy marcado.

Senderín que, perdiendo ligeramente altura, nos conduce a las amplias playas sobre el hombro que antes mencionábamos (680 m), y por las que cruzamos muy cómodamente sin ningún tipo de dificultad, girando nuestro rumbo al Noreste y sobre el tajo de Valdecerezales.

Observamos entonces la abrupta orografía del terreno inmediato que tenemos que recorrer y que, a priori, no parece ofrecer dificultades reseñables.

Por debajo nuestro se precipita una pindia canal al abismo del Desfiladero de Valdecerezales, por cuyo fondo discurre el Río Teverga junto con la AS-228 que sube a Ventana.

Pero nuestra senda, en todo momento marcada, corta en llano por su cabecera sin dificultad.

Una panorámica de esta vaguada donde, por la derecha, vemos la salida del hombro por el que acabamos de pasar.
¿Puede tratarse de Vallina Caldera?
Hoy vamos a coger algún elemento de toponimia con pinzas, porque los mapas no son claros y hay topónimos, como éste, que nos ofrecen dudas.
En el otro margen del desfiladero, los verticales farallones de Peña Sobia, semiocultos por la niebla.

Y toca un nuevo hombro de amplias playas que recorremos plácidamente (740 m).

Por encima nuestro intuímos entre la niebla un gran "ojo de buey".
Está claro que tenemos que volver en un día más despejado; el lugar es impresionante y no lo estamos apreciando en toda su dimensión.

Y así nos asomamos a la siguiente canal, el Cherón de Cuandias, cuyo tramo superior nos disponemos a remontar buscando la salida hacia la cumbrera.

Al frente, se abre en la caliza de estos murallones una gran oquedad, se ve que usada en su día para abrigo de cabras, pues vemos en su interior restos de antiguas murias.
Nuestra senda ya se desdibuja. Seguramente fue usada en su día para pastorear estas playas de la zona media de la peña, aunque el hecho de encontrar, un poco más arriba, un anclaje hecho con una herradura y vástago encastrados en la caliza, nos da que pensar...

Hasta aquí hemos superado poco desnivel, siempre oscilando entorno a la cota de 700 m; ahora toca ya comenzar a ganar altura con fuerza en total ausencia de sendero.

Sin duda estamos en un entorno muy agreste que nos recuerda a canales propias de Picos de Europa.
Hacia abajo se desploma vertiginosamente y hacia el fondo del desfiladero esta canal del Cherón de Cuandias.

Pero nosotros, en rumbo noroeste, hacia el tramo superior de la canal, que talmente parece la puerta de entrada a Mordor; tal como está la cosa.

Por nuestra izquierda, una última vista del hombro que acabamos de rebasar.

Y todo para arriba sin contemplaciones.
Serán unos 260 m de desnivel pero bien pindios.
Canal muy inclinada con una lengua de derrubios que la cubre totalmente y hace un poco penoso el progreso. El ascenso lo hacemos mayormente por el margen derecho, buscando ínfimas zonas de vegetación, las cuales hacen más llevadera la subida; incluso, alguna vez, con pequeñas trepaducas, con tal de evitar la demencial pedrera.

Enseguida, según ganamos metros, la niebla nos envuelve y perdemos de vista la parte baja del canalón y lo que nos rodea. Aunque poca posibilidad de pérdida hay, sólo tirar p'arriba.
Con todo este cascajar no nos extraña lo de "Cherón", topónimo que le viene que ni pintado.

Y así, pali que pali, vamos remontando el canalón y comenzamos a traspasar la cota de la niebla.
Pese a la pedrera, se trata de una canal que nos gustó mucho, sumamente encajonada entre farallones calizos.

Vemos entonces la luz del sol cuando el terreno se vuelve más amable y, a nuestra espalda, comienza a emerger majestuosa La Sobia entre la niebla.

La canal se va abriendo próxima ya a su final y, superada la pedrera, continuamos en cómodo ascenso siguiendo trazas de senderillos, seguramente de animales.

Nos vamos despidiendo entonces del canalón del Cherón de Cuandias, con unas vistas realmente imponentes hacia una Sierra de Sobia que se yergue espectacular sobre el mar de nubes, por lo que se llevará muchas fotos.
Por la izquierda de la imagen, podéis apreciar los restos de una pequeña muria asociada a un aprisco para el ganado que nos encontramos por aquí.

Y ya fuera de la canal, sobre la cota de 1000 m, terreno franco por el que sólo hay que orientarse hacia la cumbre de Peña Gradura.

Aunque nosotros derivamos a derechas, a rumbo noreste, para cortar sobre la Canal Mayor, de grandes dimensiones que hacen honor a su nombre, y que también se precipita a Valdecerezales.
El subir por esta canal parece factible, aunque vete a saber... Sería cuestión de probar en un futuro.

Observamos entonces una solitaria faya, que llama mucho la atención, por ser la única en toda esta mole caliza. Referencia para alcanzar la majada de La Rebollosa, a la que por supuesto nos dirigimos.

Una nueva vista de la Canal Mayor, donde vemos el crestón que la separa de la adyacente Cherón de Cuandias, por donde hemos subido.

Y prácticamente siguiendo la curva de nivel, llegamos a La Rebollosa (1035).
Menudo sitio guapo y aislado, colgado sobre el desfiladero.
Con su solitaria faya y su pradería cercada donde se levantaban un buen número de cuadras, aunque ya todas arruinadas.

Vamos bien de tiempo y la parte incierta ya está superada, así que continuamos en ascenso hacia la cumbre, pero dando un rodeo para, bordeando una dolina, asomarnos a la vertiente septentrional que mira a la Vega Castro.
Pero comienzan a entrar las nubes, que sólo nos dejan intuir al Picu L'Obiu y poco más, aunque todavía se dejan ver los pastos de las fincas del Llanu y del Cogollu, por donde ascendimos en su día desde la localidad proacina de Fabar (ver ruta).

Tomando rumbo suroeste retrocedemos para ir orientándonos ya hacia la cumbre, bajo la que se encuentran los restos de una solitaria cuadra de buen porte (1128 m), a unos 100 m sobre la vertical de La Rebollosa.
¿Puede tratarse de La Forgachina? Otro topónimo con el que tenemos dudas.

Se trata de otro solitario rincón bien bonito, con su pradería cercada y estupendas vistas.

La cumbre la tenemos a tiro de piedra, justo por encima de la cuadra; sólo se trata ascender por encima de la misma por donde mejor veamos.

Sin ninguna dificultad coronamos Peña Gradura (1160 m), con cruz y buzón de cumbres.
Cima conocida por los lugareños como el Picu La Pena.
Y es cuando las nubes acaban de envolvernos, por lo que las vistas son prácticamente nulas, una pena, porque estamos en un buen balcón.

Segundo sector: Peña Gradura - Canales de La Mucheirina - Camín Real - Gradura.


Nos vamos.
Primero, en rumbo oeste, hacia la inmediata segunda cumbre.

Cota que soslayamos en descenso por su derecha, continuando por la línea cumbrera que, por occidente, cierra la extensa depresión de La Vega Castro.
Primero por la modestísima Peña Padiella, para luego caer al collado de Xuan Pedrosu.
Un tramo cómodo y sin dificultad.

Ya en Xuan Pedrosu (1057 m), barajamos ascender a la Peña La Sala, que todavía hay tiempo, o descender ya, para tomarnos una cerveza tranquilamente en La Plaza, opción ésta que resultó vencedora por goleada; así que para abajo.
La cumbre ya es conocida y la intención de hoy era, principalmente, conocer la Senda'l Gabitu.

Nos asomamos entonces a los cortados que cierran el paso a las canales que descienden de las peñas de La Mucheirina, dando vista a la vertiente más fiera de La Sala, y con intención de estudiar la jugada del descenso.
El topónimo de La Mucheirina viene de la semejanza que ofrece la solitaria aguja, que vemos a la derecha del collado, con una paisana.
Desde aquí la opción más fácil pasa por llegar a ese collado, y descender por la canal que se descuelga del mismo. Nosotros vamos a hacerlo por esta otra más cercana que señalamos (flecha).

Así que continuamos en ascenso buscando la entrada de la canal.
A nuestras espaldas dejamos Peña Gradura y la Vega Castro, de las cuales nos vamos despidiendo.

Llegamos así a un embudo herboso (1105 m), puerta de entrada al canalizo.

 Y comenzamos el descenso.
Pindio y abrupto, pero nada complicado; si acaso ayudarse un poco de las manos, sobretodo aquí en el inicio, que hay un pequeño escalón, pero una fruslería, vamos.

Una vista atrás.
Aunque es inclinado, no tiene más dificultad que la inherente al terreno agreste por el que descendemos, que obliga a fijarnos bien donde pisamos, y apoyarse un poco puntualmente, pero nada más.

La canal se va abriendo y debemos dejarnos caer un poco a izquierdas, para llegar al resalte calizo donde vemos a Pancho. A continuación, a rumbo norte, cortando en travesía de forma más tendida, para evitar las pendientes que se precipitan hacia abajo y que iremos dejando por nuestra izquierda.

Por zona más amable y siguiendo ínfima traza, nos vamos acercando a la canal que se descuelga de la Mucheirina.

Para caer a ella y entroncar con traza más marcada que desciende.

Senda que, en sucesivos tornos, nos irá arrimando a los verticales murallones, donde se encuentra uno de los sectores de vías de escalada que hay por esta sierra.

El sendero continúa a cruzar la pedrera y se dirige hacia la próxima majada Reboriu, donde se entronca con el Camín Real que baja del Puerto de Marabio hacia Entrago y que debemos tomar. El caso es que por ahí es posible que encontremos una zona muy embarrada y, para evitarla, vamos a decantarnos por la opción de girar a izquierdas tomando otro senderín que desciende por esa pedrera (flecha).

Así que, en marcado rumbo Sur, descendemos por el canchal siguiendo la traza que se dirige hacia otro sector de escalada.

Ya por panda herbosa, la senda se puede desdibujar un poco, pero nuestra referencia es la pedrera que vemos al fondo, desde la cual descenderemos a las inmediaciones de la cuadra de la derecha.

Una última mirada atrás de este tramo y hacia los contrafuertes de La Sala, con sus vías de escalada.

Giramos entonces a derechas, para bajar sin dificultad alguna por la pedrera.

Y ya dentro de la zona boscosa encontramos senda.

Para salir inmediatamente junto a la cuadra y su finca, que veíamos desde arriba.

Entroncamos ya con el Camín Real que une Entrago con el Puerto de Marabio, y por el que descendemos cómodamente hacia Gradura.
Vía de factura romana que aún conserva tramos de su empedrado, construida sobre otro camino de origen anterior y por la que en su día transitó el insigne Jovellanos.

Entramos así en Gradura, localidad que, por cierto, cuenta con un buen número de hórreos, y donde ahora sí tenemos las vistas hacia la peña que la niebla nos impidió disfrutar a primera hora.
Finalizamos así una mañana que no pudo estar mejor aprovechada.

Os dejamos el perfil de elevación.

¡¡Un saludo!!