viernes, 12 de abril de 2019

Capiella Martín. Circular desde Buseco (Valdés).

- Capiella Martín, techo de Valdés -
Circular por la Pena l'Águila y Llano La Bobia desde Buseco.
Cordal de Bobia, Buseco y Estoupo.

"Por los dominios de los Vaqueiros de Alzada"


(Capiella Martín)

El Capiella Martín, se sitúa en la alineación del cordal de La Bobia de Bullacente que se estira por las sierras de Buseco y Estoupo, siendo el vértice que articula estos dos últimos sistemas, justo en la divisoria de los concejos de Valdés y Tineo, ubicándose en sus inmediaciones las brañas vaqueiras de Folgueras del Río y Buseco.
Al Sur de la cordal, existen varias barrancas y torrenteras que dan origen al Río Naraval, así como por el Norte, se precipitan sus laderas hasta las orillas del Río Negro, que más abajo vierte sus aguas al Cantábrico cuando desemboca en Luarca.
Máxima altitud del concejo de Valdés, compartiendo cima con el vecino de Tineo, desde la cumbre del Capiella Martín se dominan estos laberínticos y profundos valles del occidente asturiano, en los que desarrollaron su actividad los Vaqueiros de Alzada, en una dura vida seminómada de pastoreo transhumante.
El ascenso normal a esta cima, si comenzamos la ruta en el caserío de Buseco, situado en su vertiente norte, es por el collado del Llano La Bobia, siguiendo el antiguo camino por el que se llega a Folgueras del Río; opción esta que no reviste mayor dificultad y que es la que pretendemos recorrer al descenso. Sin embargo, nos habíamos fijado en una sutil traza que corta por esa vertiente septentrional del macizo, y por la que, a priori, parecía ser viable ganar la cimera de la sierra; se trata de una ya perdida senda pastoril sin uso, que nos parecía podía dar juego de ser practicable, como así fue.

Cartografía IGN 1:25000 Hoja 26-2

Cota mínima: 470 m.
Cota máxima: 991 m.
Desnivel máximo: 521 m.
Desnivel acumulado: 580 m.
Distancia: 8 km.
Tiempo: 4 h (Con las paradas).
Inicio/Fin: Buseco.

Descarga el track AQUÍ.


Razones de fuerza mayor hacen que el tiempo disponible para hoy sea ajustado y sólo dispongamos de la tarde; además nuestro compañero Pancho tiene que desplazarse a Galicia, motivo éste por el que parece adecuado plantearse algo por el Occidente. Así que al mediodía quedamos a la entrada de Luarca, donde tomamos la AS-36 que por Setienes, Belén de La Montaña y Siñeriz lleva a Villayón. Sinuosa carretera que tras unos 15 km, que se hacen largos, nos deja precisamente en Belén, para aparcar un coche en la amplia plaza y junto a la iglesia, y donde, en el otro margen del valle del Río Negro, se yergue la mole del Capiella Martín, con su vertiente septentrional que, de vaguada en vaguada, pretendemos recorrer.

Continuamos entonces con el otro coche siguiendo la pista asfaltada (que pide un arreglo en su inicio) hacia la cercana y antigua braña vaqueira de Buseco, a la que llegamos tras unos 4 km cruzando por el fondo del valle.
Buscamos un sitio para aparcar en esta aldea dispersa. Sitio que encontramos junto a una casa (479 m), no sin antes pedir permiso a sus dueños, no vaya a ser que molestemos. Gente muy amable la que nos atiende, ofreciéndonos algún dato del camino a seguir, agua e incluso unas cervezas al regreso.
Ya nos comentan que por esa senda no pasa nadie y es un camino malo por falta de uso. A ver si no la liamos, que hoy precisamente tiempo no nos sobra.
Así que comenzamos a caminar siguiendo escasos metros la pista que asciende, hasta una primera curva a derechas donde la abandonamos, para tomar la caleya que continua de frente al Este.

Caleya que nos lleva por encima del núcleo de El Penéu.
Muy disgregada esta aldea de Buseco.

Gira enseguida nuestro camino al Sur en busca de la base del Capiella Martín, en cuya vertiente norte ya apreciamos la traza que pretendemos seguir. Vertiente que en algún mapa hemos visto nombrada como Cynada d'Acó, aunque vete a saber, que esto de la toponimia es la leche.

Camino que en ligero descenso nos lleva a pasar junto a unas arruinadas cuadras cuando alcanzamos la cota más baja de hoy (472 m).

Sigue la senda tomada, que evitamos soslayándola al cruzar por las praderías de verdes pastos hacia el extremo meridional del valle, donde saltando la muria nos adentramos en la arboleda.

Guapa esta zona del valle que estamos cruzando, por el que desciende el reguero de Buseco hacia el Río Negro.

Y es a la sombra de los pinos, cuando retomamos el camino que siguiendo la muria, continúa cerrado por clara falta de uso, aunque tampoco nos ofrece mucho problema.

Ya en zona abierta, nos lanzamos ladera arriba ascendiendo directamente por los canchales de esta vertiente del Capiella; sabemos que sí o sí vamos a acabar interceptando la traza más arriba.
Se nos suma entonces un manso mastín que nos acompañara un corto tramo.

Así que, tras un fácil ascenso de unos 40 m por estos derrubios, interceptamos el sendero sin mayor dificultad (514 m). Sendero que se aprecia muy marcado.

Vista atrás, vemos el valle del reguero de Buseco y el itinerario que hemos seguido desde la aldea hasta el bosquete, elevándose al fondo la Sierra de Panondres.
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Así continuamos de forma tendida, o en ligera subida, por este sendero en claro rumbo oriental, alternando zonas de brezo...

...con otras de canchales, por las que incluso diríamos que se aprecia cierto enlosado.

Y de momento, un trayecto muy cómodo; a ver si dura y no nos enfollonamos.
Itinerario que en mapas históricos del IGN viene nombrado como Senda y Camino del Monte Estoupo.

Alcanzamos entonces unos primeros crestones.

Crestones que el camino supera sin dificultad alguna, por un paso entre bloques.

Y bastantes metros por debajo nuestro, un grupo de caballos que nos observan con curiosidad; no deben ver mucha gente por aquí arriba.

Cambiamos entonces a la siguiente vallina, cuando ya enfrentamos una breve subida entre el brezo hacia la siguiente cresta, en su otro margen y sin mayor dificultad.

Accedemos así a una nueva vaguada, por la que nuestra senda continúa cómoda y marcada, y vemos al frente el siguiente espinazo a superar.

Toca un nuevo repechín hacia el crestón, vigilado el sendero por un solitario pino.

Y, hacia atrás, hermosas vistas tenemos a una omnipresente sierra de Panondres.

Alcanzado el farallón, gira la senda ganando unos metros hacia la derecha.

Para introducirnos en el Valle el Colladín, donde vemos que la traza asciende hacia un hombro.

Traza por la que vamos cortando las riegas que tributan al reguero Buseco, dando vista a la localidad de Belén, en el otro margen del Río Negro y donde tenemos aparcado un coche.
Destacando la espigada torre de esta aldea, cabecera de la parroquia de La Montaña o de San Salvador del Río Negro.

 Asciende así nuestro camino, sin mayor problema, por las lenguas de derrubios que se precipitan ladera abajo, para salir nuevamente a zona de brezo en más fuerte pendiente, por donde vista atrás vemos Buseco, ya muy lejos y bien abajo.

Alcanzamos entonces una pequeña camperina de verde pasto que se abre entre el brezo (660 m), y hay que estudiar la jugada a seguir para cruzar por el siguiente valle.
Al frente, en la cimera, destaca la prominencia de Penaprieta.

Resulta que nos encontramos con dos opciones, al ver sendas trazas que acaban confluyendo para alcanzar la lomera del Peneofeno, que se extiende hacia el pico La Fana, en su extremo septentrional a modo de espolón.
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Total que, elegimos la variante inferior para acabar metiéndonos en el tomate del día; tampoco nada grave.
El caso es que el sendero desaparece y debemos perder algo de altura para orientarnos hacia el canchal donde se aprecia más marcado, por terreno incómodo tomado de brezo y cotoya, que se abre paso por terreno pedregoso, en el que hay que prestar la debida atención a la estabilidad de los morrillos.

Pero en la pedrera, la cosa mejora, aunque...

...al salir nuevamente a zona de monte bajo, nos es difícil seguir el desdibujado sendero, pero bueno, sólo se trata de ir orientándonos hacia el lomo, por un terreno menos incómodo que al inicio de este tramo.

Y vamos cortando por este valle que se precipita hacia el Río Negro, siempre con la aldea de Belén a la vista.

Sin más, nos aupamos al lugar que en los mapas viene denominado como el Peneofeno (693 m).
Más tarde nos comentarán que el Peneofeno hace referencia a una peña; quizás sea este solitario peñón que emerge en el collado.
Por encima nuestro vemos Penaprieta y, más alejado hacia atrás, la cima del Capiella Martín, a donde tenemos que llegar.

Cambio de valle, cuando vemos en su otro margen el aserrado cuchillar de la Pena l'Águila que tenemos que ganar y, al fondo, asoma la segunda altitud del concejo de Valdés: el Estoupo.
A priori nos da que por esa amplia horcada está el paso para devolar las peñas, aunque enseguida veremos que eso no es así.

Tomamos entonces una sutil vereda en el Peneofeno.

Vereda que nos lleva a cortar en llano por esta vaguada que decae hacia las vegas de Riopinoso.
Al fondo se adivina la rasa costera con la localidad de Luarca, pero hoy es día de mucha bruma, por lo que las vistas no van a ser todo lo buenas que quisiéramos.
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Nos aproximamos así y muy cómodamente al mellado espinazo de la Pena l'Águila, el lugar más abrupto y bonito del itinerario de hoy, a nuestro parecer.

Y es al llegar a la horcada (727 m), que vemos que el paso no va a ser por aquí; fuertes desplomes hacia el barranco adyacente. Pero es un balcón bien guapo.

Toca entonces seguir los farallones ladera arriba.

Enseguida nos encontramos con una segunda horcada (740 m), por la que sí es viable el paso al valle contiguo.

Paso por el que cruza un senderín sin mayor problema, para entrar a un paraje más abrupto perdiendo algo de altura.
Podríamos haberlo hecho más arriba, pero de forma menos vistosa.

Sendero que discurre entre urcias y cotoyas, pero que no ofrece dificultad y todavía se sigue.
Vista atrás hacia la guapa horcada por la que hemos devolado la peña.

Así serpentea nuestra vereda entre estos escarpados peñones.

Por un paraje espectacular que, efectivamente, es digno de nido de águilas con estos verticales murallones, por donde el barranco desagua al valle de Riopinoso.


Pero hay que estar atentos, porque nuestra ínfima traza se bifurca; seguimos entonces la desdibujada vereda que asciende en busca de la base de esta peña. Quizás se trate de ¿La Pena Los Bois?
El caso es que seguramente haya más de una variante válida para ganar la cumbrera de la sierra.

Bordeamos entonces el peñón por un paso chulo y sin ninguna dificultad.

Por donde tomamos unas últimas panorámicas desde esta zona tan guapa hacia el valle de Riopinoso y, más allá, la rasa costera con Luarca.
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Sólo nos resta alcanzar, al momento y en llano, el collado de la Bobia l'Águila (750 m), a los pies de la llomba del pico Couzrago.
Por detrás asoma el Estoupo, al que nos hubiéramos acercado de no manejar hoy un horario tan rígido.

Una opción muy chula esta senda que hemos recorrido por la vertiente norte de la sierra para alcanzar su cimera, divisoria de aguas con el vecino concejo de Tineo, por cuya vertiente meridional vemos el núcleo de Candanedo y la braña de Folgueras del Río, a su derecha. Por la izquierda se extiende el valle hacia Naraval y, al fondo con la bruma, más que ver intuímos las nevadas cumbres de la Cordillera. También el Mulleiroso se deja ver a contraluz.
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Pues nada, enlazamos así con la ruta habitual que recorre la cumbrera de esta sierra de Buseco - Estoupo, girando al Oeste en busca de la cota de Penaprieta.

Superando esforzados recuestos por marcada senda y sin ningún tipo de dificultad.

Llegamos entonces a un rellano previo a la cumbre de Penaprieta.

Con muy buenas vistas por esta vertiente meridional a la braña de Folgueras del Río, que tiene a gala el haber sido una de las dos últimas brañas de toda Asturias, junto con la de Silvallana, en abandonar la trashumancia familiar. Desde sus proximidades parte una canal o acequia construida por los romanos, para llevar a lo largo de más de 6 km las aguas hasta los lavaderos de arenas auríferas de Castandiel, cerca de Navelgas.
Detrás se elevan los picos Piniella y Liebres en la sierra de Campo la Bobia.

Ya tenemos al frente la cumbre de Penaprieta, sin embargo no la ascendemos y continuamos por el senderín que la soslaya. No por nada, que su ascenso no reviste dificultad, simplemente lo hicimos así.


Vista atrás ya divisamos todo el valle de Naraval, con el collado del Alto de Aristébano a su izquierda, en cuyo entorno se celebra la Fiesta Vaqueira, también conocida como la Vaqueirada, que se celebra cada año el último domingo de julio. Es una de las fiestas más étnicas y originales de toda Asturias, porque en realidad se convierte en un divulgativo homenaje de la vida y costumbres de los Vaqueiros de Alzada, llegando a celebrarse una boda de verdad a la usanza vaqueira.
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Al frente se estira la Sierra de Buseco por la de Bobia, con el Pico La Gallega, detrás el Cyanón sobre la Llomba la Cutiecha y las Rascas, situándose a su izquierda la braña L'Alzada Fontes.
Al fondo del todo se distingue el Mulleiroso.

Preciosa senda esta que vamos recorriendo, y muy cómoda.
Atrás, entre el Estoupo y el Couzrago, vemos la collada de Brañanueva, encrucijada de caminos que comunica ambas vertientes del cordal.

Pero toca un ligero ascenso entre los derrubios que se desprenden de Penaprieta.

Para enseguida ganar nuevamente la cimera (888 m), dejando atrás dicha cumbre de Penaprieta.

Ya tenemos a la vista la alomada cumbre del Capiella Martín.

Aunque antes toca enfrentar un breve y fuerte repecho, realmente pindio.

Y nada, poca distancia nos separa ya de la cumbre.

Cuyo ascenso no reviste la más mínima dificultad.
Una vista atrás de este último tramo.

Cumbre del Capiella Martín (991 m), techo de Valdés.
Con un bonito buzón de cumbre homenaje al montañero Suso Gudín.

Y menudo balcón desde el que se divisan todos estos valles tan trabajados por los vaqueiros de alzada.

Los vaqueiros de alzada constituyen un grupo humano asturiano de profundas raíces y costumbres ancestrales. Su actividad ganadera y los amplios pastos por los que han transitado durante siglos en la trashumancia, contribuyen a conservar intacta una naturaleza que hoy es uno de los grandes patrimonios asturianos.
Un colectivo que tuvo por bandera la libertad, dada su plena convivencia con dicha naturaleza, lo que sin duda le granjeó conflictos y discriminaciones sufridas desde la Edad Media, bien por la falta de pago en los diezmos o por su carácter transhumante.
Ya el ilustre Jovellanos definió a los habitantes de las brañas como "vaqueiros" porque vivían de la cría de ganado vacuno, y "de alzada" porque su asiento no es fijo, sino que "alzan" su morada y residencia para emigrar anualmente, al llegar la primavera, con sus familias y ganados a los altos pastos.

Las vistas abarcan muchos kilómetros, de ser un día claro, que hoy no es el caso.
Por el Norte, la rasa costera con el Cantábrico y la localidad de Luarca, hasta donde se extiende el valle del Río Negro, llamado así por el color de sus aguas debido al carbón vegetal que su usaba en las múltiples fraguas que se ubicaban en sus orillas.
Por debajo nuestro, la zona del Peneofeno, por donde hemos pasado.

Sobre el altozano en el otro margen del valle del Río Negro, Belén de La Montaña.

También la Sierra de Panondres, con el Pico el Can.

Por el Oeste, destaca en primer término el picudo Concernoso, con una sierra de Busmente poblada de turbinas eólicas.

Se extiende la Sierra de Buseco por la de la Bobia de Bullacente.

Al Sur, la línea de la Cordillera, que hoy no merece la pena esforzarse en fotografiar ya que poco detalle vamos a obtener. En primer término el Piniella y Liebre en la sierra de Campo la Bobia.
Y ya, por el Este, el Estoupo y el valle de Naraval.

Foto para el recuerdo.

Y nos vamos, descendiendo por la vertiente meridional orientándonos al collado del Llano la Bobia, que nos separa de la Gallega.

Llano la Bobia (865 m).
De tener tiempo, sería interesante seguir cumbreando por la cordal hacia el Oeste, pero hoy no va a poder ser.

Así que, en esta encrucijada de caminos del Llano la Bobia, tomamos la amplia senda que nos lleva a descender por el margen derecho del valle del reguero de La Gallega, faldeando por la vertiente occidental del Capiella Martín.

Camino de buena traza el que recorre esta zona, que vemos castigada por los últimos incendios y que nos lleva a sobrepasar los crestones que vemos al frente. Estamos en la vía habitual de ascenso al Capiella Martín desde Buseco.

Serpentea entonces nuestro camino entre viejas murias que cierran fincas ya en desuso.

Para cambiar ya a vertiente norte teniendo a la vista la braña de Buseco.
Desde la altura se aprecia lo dispersa que es.

Zigzaguea nuestro camino en descenso por una zona en la que veremos abundancia de cabras.

Y recupera la senda su antiguo empedrado, cuando se acusa su pendiente para caer por la cabecera del valle del reguero de Buseco. Cruzamos entonces por un breve tramo muy anegado que salvamos por encima de la muria.

Con unas preciosas vistas a la vertiente norte del Capiella Martín, en la cual se aprecia la traza de la senda recorrida hace unas horas.

Muy guapo este valle de Buseco, donde nos llama la atención un grupo de tejos en el fondo del mismo. Al fondo, el valle del Río Negro, con Belén en el altozano de su margen izquierdo.

Pasamos así junto a una primera casa, donde sostenemos una animada charla con un pastor, que conoce bien esas sendas que hoy hemos recorrido.

Sin más, caleyamos ya por esta braña que rezuma sabor vaqueiro.

Dos cantares hemos encontrado que hacen referencia a Buseco:

La brañina de Buseco
nun ya, non, de las piyores,
tien mocinus cumu pinus
ya mocinas cumu flores.

A la Virxen de Belén
le ofrecemus esti ramu,
los vaqueiros de Buseco,
dunde nun se cueyi un granu.


Para finalizar esta guapa ruta charlando con los propietarios de la casa donde tenemos el coche, curiosos por saber de nuestras andanzas por esa senda que ya nadie usa.

Sólo nos resta dirigirnos a Belén de La Montaña.
(Sí, es tu pueblo Belén, jejeje)

Y recoger el otro coche que tenemos aparcado en la amplia plaza y junto a la iglesia de San Salvador del Río Negro.

Os dejamos el perfil de elevación.

¡¡Un saludo!!


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